Jornada sobre “Mujeres con el VIH” por el Día Internacional de la Mujer

Carmen Martín de ACCAS y Sonia Fariza contaron su experiencia como mujeres con el VIH con motivo del Día Internacional de la Mujer

Con motivo del Día Internacional de la Mujer CESIDA quiere visibilizar la situación de las mujeres que viven con VIH porque:

  • En 29 países, las mujeres necesitan el consentimiento de su marido o pareja para acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva.
  • En 92 países, las niñas pueden casarse antes de los 18 años.
  • En 112 países, la violación conyugal no está penalizada.
  • En 49 países, no hay una ley específica para la violencia doméstica.
  • En 45 países, no hay una legislación destinada al acoso sexual.
  • En total, 150 países tienen al menos una ley que trata a mujeres y a hombres de forma distinta, y 63 países tienen cinco o más leyes similares. 
  • 740 millones de mujeres se ganan la vida en la economía informal, con acceso limitado a la protección social, a los servicios públicos y a la infraestructura.
  • Las mujeres prestan cuidados y realizan tareas –ambos no remunerados– 2,6 veces más que los hombres.
  • Solamente un 41% de las madres de todo el mundo que tienen hijas e hijos recién nacidas/os reciben prestaciones de maternidad.
  • Una de cada tres mujeres corre el riesgo de sufrir violencia en algún momento a lo largo de su vida.
  • La cobertura mundial del TAR para las mujeres infectadas que están embarazadas o en periodo de lactancia es del 76%. 
  • Cada semana, alrededor de 7.000 mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años contraen la infección por el VIH.
  • En África Subsahariana, tres de cada cuatro infecciones nuevas afectan a las adolescentes de entre 15 y 19 años. Las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años tienen el doble de probabilidades de vivir con el VIH que los hombres.
  • Más de un tercio (35%) de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física o sexual en algún momento de su vida.
  • En algunas regiones, las mujeres que son víctimas de la violencia tienen un 50% más de probabilidades de contraer la infección por el VIH. 
  • En nuestro país, entre las mujeres, la transmisión heterosexual constituye la gran mayoría, con un 85,0% de los nuevos diagnósticos.
  • Las mujeres se diagnostican cada vez a una edad mayor, y en una situación inmunológica peor que los hombres.
  • Entre los nuevos diagnósticos de VIH en las mujeres, más de la mitad son en mujeres inmigrantes.
  • La incidencia de casos de sida y la mortalidad continúa con la tendencia descendente que comenzó a mitad de los años 90.

En España, como en otros países europeos, el porcentaje de mujeres con infección por VIH ha sido siempre inferior al de los hombres, situándose en la actualidad en torno al 15%. Lo que es un realidad es que se diagnostican en peor situación clínica e inmunológica que los hombres, y su media de edad al diagnóstico es mayor en las mujeres que en los hombres y es por tanto necesario sensibilizar y favorecer la realización de la prueba del VIH, en mujeres jóvenes y adultas y no únicamente cuando se presentan síntomas clínicos o en el momento del embarazo.

Necesitamos una sanidad universal y gratuita que favorezca la atención a las mujeres más vulnerables especialmente a las mujeres inmigrantes que aún hoy tienen dificultades para el acceso al sistema sanitario público.

En muchas ocasiones los enfoques de género, sobre todo en materia de salud se centran en las desigualdades biológicas o fisiológicas, en el ciclo vital de las personas sin tener en cuenta las relaciones de poder ni los modelos de género.

Para analizar la relación de los estereotipos y determinantes psicosociales de género sobre el problema de salud, es imprescindible la formación específica de los profesionales que van a trabajar con las mujeres que viven con VIH. En muchas ocasiones esta formación es inexistente, por lo que es complicado potenciar la corrección de desigualdades de género.

Cuando hablamos de estigma con interseccionalidad de género y VIH, es imprescindible pensar en las mujeres transexuales.

La estigmatización es un gran obstáculo en el tratamiento y la prevención del VIH ya que puede actuar como posible facilitador de conductas de riesgo (miedo a reconocer la seropositividad; miedo a la realización de la prueba del VIH; ocultación de prácticas de riesgo por parte de personas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, lo cual hace más difícil realizar programas de prevención con ellos, facilitando así la extensión de la epidemia a la población general). A todo esto debemos añadir la intersección de género, lo que agrava el estigma de las mujeres que viven con VIH. Más allá de este propio estigma debemos añadir el auto estigma impuesto por las propias mujeres, por no cumplir el ideal social.

Es necesario introducir la perspectiva de género en todos los servicios sociales y sanitarios que atienden a mujeres que viven con VIH, más aún cuando estamos hablando de mujeres que por una de sus variables de vida, están directamente posicionadas en una situación de discriminación. Es importante entender cómo los mandatos de género y la socialización sexista a la que estamos continuamente expuestas, nos sitúa en una doble o triple discriminación. Entendiendo triple si añadimos a estas dos variables, ser mujer y tener VIH, otros episodios o realidades que incrementan esta situación, discapacidad, emigrante, drogodependiente, persona que ejerce la prostitución, etc.

Una de las grandes herramientas para combatir este estigma, consiste en trabajar la autoestima, ya que ayuda a reducir esta carga emocional y social, pero tenemos que tener en cuenta las dificultades que encuentran muchas mujeres para establecer procesos terapéuticos y de recuperación, teniendo mucho más interiorizado la idea de cuidar que de ser cuidadas.

En las relaciones afectivas o de parejas, el estigma puede favorecer una estrategia de poder sobre la mujer, el miedo a que revelen su estado serológico a hijos/as, amistades o familiares, si ha sido confiado, o los efectos de la enfermedad en la salud física, son en muchas ocasiones utilizados como medida de control y violencia psicológica hacia la mujer, situándola en riesgo de sufrir violencias machistas agravadas por su situación de seropositiva.

  • Buscamos medidas equitativas que garanticen igualdad de oportunidades.
  • Carga emocional mujeres VIH.
  • La violencia contra la mujer juega un rol en la trasmisión del VIH entre las mujeres.
  • Factores biológicos: el sistema genital femenino tiene una mayor zona superficial expuesta que el sistema genital masculino; por tanto, las mujeres pueden ser proclives a un mayor riesgo de infección con cada exposición. Las mujeres jóvenes son aún más vulnerables a la infección por el VIH debido a la inmadurez del orificio de la matriz.
  • Escaso poder económico: La presión para obtener ingresos para sí mismas o sus familias induce a algunas mujeres a tener relaciones sexuales con varones a cambio de dinero, el pago de matrículas escolares o regalos. En algunas regiones, ocurre especialmente entre mujeres jóvenes que mantienen relaciones sexuales con hombres de mayor edad. Las mujeres dependientes económicamente pueden no ser capaces de insistir en el uso del condón.
  • Ausencia de los maridos: Muchas mujeres, sobre todo en zonas rurales, se infectan a través de sus esposos, que trabajan lejos del hogar durante largos periodos de tiempo, por ejemplo, como mineros, camioneros o soldados, y que mantienen relaciones sexuales sin protección mientras no se encuentran en sus hogares. Estos hombres pueden infectarse por el VIH y, al volver a casa, transmitir el virus a sus esposas.
  • Violencia: Una de cada tres mujeres en todo el mundo es violada, golpeada, coaccionada a tener relaciones sexuales o sometida a otras formas de abuso a lo largo de su vida. La violencia sexual aumenta el riesgo de infección, ya que puede dañar la pared vaginal y permitir que el semen infectado entre en contacto directo con el tejido subyacente. Las relaciones sexuales forzadas también pueden anular la capacidad de la mujer para insistir en el uso de un preservativo.