La habilidad del VIH para resistir oculto y latente, un desafío de la ciencia

Han pasado más de 30 años desde que se identificaran en EEUU los primeros casos de sida y esta enfermedad aún no tiene cura. Aun así, para el científico estadounidense Robert F. Siliciano los pasos “han sido enormes”, pero quedan obstáculos: el VIH siempre está latente y esa capacidad para ‘esconderse’ impide eliminarlo.

Siliciano, quien recientemente participó en Madrid en HIBIC un congreso impulsado por Gilead, entiende que pacientes y sociedad en general puedan sentir cierta frustración tras más de tres décadas, pero insiste: Hemos pasado de una enfermedad mortal a que los pacientes se tomen una pastilla al día con pocos efectos secundarios”.

“Se ha diseñado un análisis de sangre para detectarlo rápidamente, conocemos cómo se produce la transmisión del virus y podemos tratar la infección para que la gente no se muera”, relata este experto mundial en VIH y catedrático de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, en EEUU).

Sin embargo, pese a que se “ha progresado mucho”, su curación sigue sin resolverse y es aquí y en las vacunas donde se centra ahora la mayoría de la investigación del VIH, del que cada año se infectan por ejemplo en España entre 3.000 y 4.000 personas.

Al igual que el resto de virus, el VIH no puede reproducirse por sí solo, así que para ello necesita utilizar otros organismos para multiplicarse y sobrevivir, en este caso el sistema inmune del paciente: en concreto, el VIH utiliza un tipo de células llamadas linfocitos CD4, las activa y usa para producir copias de sí mismo.

Precisamente, los tratamientos que existen -antirretrovirales- evitan que el VIH haga esto y se multiplique, sin embargo no curan.

¿Pero por qué no lo consiguen, por qué en el momento en el que una persona deja el tratamiento aumenta rápidamente la carga vírica?

El VIH, además de infectar y manejar a los linfocitos CD4 para replicarse, es capaz de infectar a la célula pero quedarse apagado, esta vez sin multiplicarse, como en el banquillo: esto se llama estado de latencia viral y las células que están en este estado es lo que se denominan reservorios, que no son eliminados por los fármacos.

El virus se queda en un estado intermedio, invisible al sistema inmune y al tratamiento, convirtiéndose en una bomba de relojería.

Precisamente, Siliciano lleva la mayor parte de su carrera estudiando estos reservorios: los antirretrovirales impiden que el virus se replique pero no son capaces de atacar a la forma latente del mismo, justamente porque no se replica. Cuando un paciente deja el tratamiento, a los 15 días recupera la carga vírica inicial porque ese virus atrincherado en los reservorios sale de su fase latente y se replica.

Es más, el virus en estado de latencia también es capaz de dividir a la célula y cada una de las nuevas células lleva en su ADN el virus apagado. Los investigadores aún no saben cómo es capaz de hacer esto el VIH, pero sí que es el gran obstáculo para su cura.

Además, en ocasiones el virus es capaz incluso de salir de este estado de latencia y replicarse aun tomando antirretrovirales.

De ahí, según Siliciano, que la investigación deba centrarse en los reservorios: “Si no hubiera una forma latente del VIH éste se podría curar. El problema no es tanto la complejidad del virus, porque sabemos cuál es el problema, sino un pequeño número de células que tienen esa forma latente y no sabemos cómo eliminarlas”.

En este intento hay distintas líneas de investigación, una de ellas es tratar de reactivar los virus para luego eliminarlos, “pero aún no hemos encontrado una buena forma para ello”, apunta.

Sobre si está preocupado con la actual administración de EEUU contesta que sí, “aunque hasta ahora ésta no ha dicho nada sobre la investigación médica. Espero que continúe invirtiendo en VIH y apoyando los programas para que los afectados reciban tratamiento”.

Agencias