El VIH en España Imprimir E-mail

Aunque el porcentaje mundial de personas con  VIH se ha estabilizado desde el año 2000, según datos de ONUSIDA, en el año 2007 se registraron 2,7 millones de nuevos casos de infección por VIH y 2 millones de fallecimientos relacionados con el sida.

La tasa de nuevas infecciones por el VIH ha disminuido en varios países, pero a nivel mundial el aumento de nuevas infecciones contrarresta, al menos en parte, estas tendencias favorables. A medida que aumentó el acceso al tratamiento en los últimos diez años, disminuyó el número anual de fallecimientos por sida.

Los datos globales de ONUSIDA, el porcentaje de mujeres entre las personas que viven con el VIH se ha mantenido estable (aproximadamente en el 50%) durante varios años, aunque la proporción de infecciones en las mujeres está aumentando en varios países. En casi todas las regiones fuera del África subsahariana, el VIH afecta en forma desproporcionada a usuarios y usuarias de drogas inyectables, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y personas en situación de prostitución.

África subsahariana continúa siendo la región más afectada por el VIH y, en 2007, le correspondieron el 67% de todas las personas que viven con el VIH y el 72% de los fallecimientos a causa del sida. Sin embargo, algunos de los aumentos más preocupantes en el número de nuevas infecciones se registran en países muy poblados de otras regiones, como Indonesia, la Federación de Rusia y diversos países de ingresos altos.

Según los datos del Ministerio de Sanidad y Consumo que se recogen en el Plan Multisectorial 2008-2012, se estima que en nuestro país hay actualmente entre 120.000 y 150.000 personas infectadas por VIH, y aproximadamente un 30% aún ignora que lo está. Aproximadamente 1.600 personas mueren con el VIH como causa principal.

Cada año hay entre 2.500 y 3.500 nuevas infecciones, la prevalencia estimada se sitúa en torno a las tres infecciones por mil habitantes, pero las tasas son mayores entre los hombres y los residentes en medio urbano.

En análisis de la información generada por las Comunidades Autónomas que tienen sistemas de información sobre los nuevos diagnósticos de VIH sugieren que su transmisión en España tuvo su punto álgido al final de la década de 1980 e inicio de la de 1990 y la transmisión por vía parenteral ya no es la más importante ya que ha cedido su lugar a la sexual.

En los datos más recientes del Ministerio de Sanidad y Consumo, casi el 50% de los nuevos diagnósticos se atribuyen a la transmisión heterosexual, la transmisión entre hombres que tienen sexo entre otros hombres representa un 25% y la parenteral en torno al 20%. Sigue habiendo un predominio de hombres, pero en las infecciones atribuidas a relaciones heterosexuales la razón hombre/mujer se acerca a la unidad.

Las recientes corrientes de inmigración hacia España ya se reflejan en los datos de infección por VIH. El porcentaje de nuevos diagnósticos que afecta a personas de otros países ha subido notablemente, aunque en números absolutos el incremento sea mucho menos marcado.

En los últimos años ha habido grandes cambios en la epidemia que han generado nuevas necesidades. La introducción de los nuevos regímenes combinados de fármacos antirretrovirales, si bien han supuesto un enorme beneficio, también llevan aparejados otros problemas como la aparición de efectos secundarios, resistencias, problemas en la adherencia terapéutica, que necesitan de una específica respuesta. Por otro lado el aumento de la supervivencia y de la calidad de vida hace necesario diseñar políticas que faciliten la integración social y laboral de las personas con VIH. No han de olvidarse los aspectos relacionados con la salud emocional de las personas con VIH y la atención a su salud mental, en muchos casos, grandes invisibles en la atención prestada.

Seguimos encontrándonos con una gran cantidad de situaciones de conflicto que reclaman una respuesta eficaz y un compromiso de alto nivel que garantice, aspectos como: la prevención de la pandemia, la lucha contra la exclusión social, el abordaje de la dimensión de género de la epidemia, la inserción socio-laboral de las personas que viven con el VIH, la atención socio sanitaria de las personas privadas de libertad, la erradicación de la homofobia y en definitiva el cese de la vulneración de los derechos fundamentales a que están siendo sometidas las personas seropositivas en esta sociedad.