Experto aboga por ampliar el acceso a la prueba del VIH a universidades y farmacias para aumentar los diagnósticos

Asimismo, el doctor ha aseverado que gracias a los avances producidos en los últimos tiempos, los pacientes pueden tener una supervivencia similar a la de la población no infectada con el virus del VIH.

El coordinador de la Unidad de Enfermedades Infecciosas y VIH del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, Antonio Antela, ha abogado por ampliar el acceso a la prueba rápida del VIH a centros no clínicos, como por ejemplo, colegios, universidades, organizaciones comunitarias o farmacias, para aumentar el número de personas diagnosticadas.

Y es que, según ha recordado en una entrevista, se calcula que en España el 20 por ciento de los afectados desconoce padecer la infección y, de los que lo saben, un 45 por ciento se diagnostican en fases avanzadas de la enfermedad, es decir, cuando tiene un grado de inmunodepresión que le hace estar “en peligro”.

“Hay que facilitar la posibilidad de que cualquier persona se pueda hacer, al menos una vez en su vida, la prueba del VIH y, además, normalizarla para que sea igual que un análisis de colesterol y glucosa. Además, habría que ampliar la prueba de diagnóstico rápido, que tienen una gran sensibilidad y especificidad, a centros no clínicos, siempre confirmando el resultado con las pruebas estándar de diagnóstico”, ha apostillado el doctor.

Dicho esto, Antela ha destacado también la importancia que tendría que los médicos de Atención Primaria puedan disponer de estas pruebas. Todo ello, unido a una mayor concienciación por parte de la sociedad del hecho de que “todo el mundo” se puede infectar, podría mejorar el diagnóstico de esta enfermedad de la que, además, casi la mitad de los pacientes ya tiene más de 50 años.

Respecto a los tratamientos, Antela ha asegurado que son mejor tolerados que los anteriores, menos tóxicos, más eficaces y, además, provocan menos interacciones con otros fármacos. “La inclusión de los inhibidores de la integrasa han ayudado a que ahora, sin tener todavía una terapia que cure la infección, los pacientes puedan contar con un tratamiento crónico, poco tóxico y muy fácil de administrar y seguir”, ha puntualizado el doctor.

Ahora bien, tal y como ha informado, se están investigando nuevas terapias que, al parecer, pueden mejorar las actuales. Se trata de los fármacos de larga duración que en los ensayos clínicos ya han demostrado que se toleran “bien”, no son tóxicos y son “tan eficaces” como el tratamiento oral al que sustituyen.

Además, prosigue, se administran por vía intramuscular cada uno, dos o hasta seis meses, facilitando así la adherencia al tratamiento por parte de los pacientes. Del mismo modo, hay estudios en marcha con fármacos moduladores de la respuesta inmunológica y con terapia génica.

SUPERVIVENCIA SIMILAR A LA POBLACIÓN NO INFECTADA

Asimismo, el doctor ha aseverado que gracias a los avances producidos en los últimos tiempos, los pacientes pueden tener una supervivencia similar a la de la población no infectada con el virus del VIH.

“Hay estudios que han demostrado que si el paciente es diagnosticado antes de que haya padecido una inmunosupresión importante, su supervivencia no va a estar determinada por la infección del VIH y no va a ser distinta ala de la población general. De hecho, en ellos influye más que fumen a que estén infectados. Por tanto, es importante tener en cuenta que diagnosticar pronto, tratar pronto y abandonar los hábitos tóxicos hace que un paciente con VIH tenga una supervivencia igual que la de la población sana”, ha recalcado.

Finalmente, el experto ha avisado de la necesidad de que en el manejo de los pacientes se tengan en cuenta sus comorbilidades y, especialmente, las patologías propias del envejecimiento, dado que las personas mayores infectadas con VIH suelen tener enfermedades asociadas a la edad hasta diez años antes que la población general.

“Por ejemplo, si en una persona normal la insuficiencia renal suele aparecer a los 70 años, en estos pacientes ya aparece desde los 60, al igual que el deterioro neurocognitivo, las enfermedades cardiovasculares, hipertensión, determinados tipos de cáncer u osteoporosis”, ha zanjado el especialista.